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Amanecer Espiritual

CAPITULO QUINTO

Amor Propio

Tolerancia

Ira

Fanatismo


Deberíamos realizar solamente experiencias de solidaridad, amor, tolerancia, armonía, fraternidad, respeto, orden, trabajo, estudio, progreso económico, científico y social enfocado hacia el bien común, sociedades justas, sentirnos hermanos de nuestros hermanos, pero con nuestros errores, con nuestro amor propio, con nuestra falta de humildad, de amor hacia los demás, creamos además experiencias dolorosas.
No debemos olvidar que hemos formado parte de esta humanidad y que también nosotros generamos los inconvenientes que ahora padecemos, pero somos capaces de ayudar a nuestros hermanos, vibrando en amor, en humildad y sabiendo que con nuestras acciones y nuestros ejemplos podemos hacer que los demás piensen en que se puede vivir de distinta manera y ser felices.
Trataremos de ampliar los conceptos sobre cada una de las experiencias que nos presenta nuestro plano de formas negativizado y doliente al que lo hemos llevado, durante el desarrollo de esta parte.

Amor Propio


"Nacemos" de la Divinidad con la facultad de amar como esencia de nuestra vida espiritual. Como humanos, al tener libre albedrío y dejarnos influir por las vibraciones negativas que imperan en nuestro mundo, transformamos ese amor verdadero en amor propio, pasando a interesarnos más por nuestras propias cosas que por los demás.
Damos prioridad a nuestros deseos personales ante que a toda acción de bien hacia nuestros hermanos, tratando de conseguir beneficios propios aún a costa de cualquier acción negativa de egoísmo, intolerancia, sojuzgamiento, ambición desmedida.


Quien hace sufrir al prójimo se hace daño a sí mismo.
Quien ayuda a otro se ayuda a sí mismo.
LEÓN TOLSTOI

Todas estas acciones dan lugar a los antagonismos, las discriminaciones, las guerras, y todo lo que separa en vez de unir. Recordemos una vez más que todo lo que une es positivo, todo lo que separa es negativo.
Es valedero proponernos logros humanos; mejoras económicas, ascensos en nuestro trabajo, mejores condiciones de vida, pero todo eso debe ser conseguido con un accionar positivo, lograrlo mediante nuestro propio esfuerzo y sin dañar a los demás, sin generar vibraciones negativas que luego debemos redimir con dolor, pues recibiremos los mismos perjuicios que hemos ocasionado, todo esto dentro de la ley de causa y efecto.
Volvemos a insistir que es totalmente válido que tengamos ansias de progresar humanamente, solo debemos tener en cuenta si esto no se transforma en una ambición desmedida.
Al formarnos una idea de lo que queremos lograr en nuestra vida debemos reconocer nuestras limitaciones y no fijarnos un horizonte imposible de conseguir, que nos induzca a un accionar sin escrúpulos para lograrlo. La mesura debe medir todas nuestras intenciones.
Si para satisfacer nuestro amor propio perjudicamos a un semejante, criticamos a los demás, utilizamos nuestra posición para sojuzgar, en algún momento recibiremos ese mismo perjuicio, esa misma crítica, ese mismo sojuzgamiento como respuesta a nuestra acción.
Cómo redimimos esa vibración transformada?, reaccionando ante el dolor sin rebeldía, comprendiendo que si nos ha llegado, así corresponde, que es el resultado de nuestro accionar en ésta o en otra vida, y haciéndonos el propósito de no incurrir más en pensamientos y sentimientos que no estén dentro de la tónica del amor. Si logramos pasar con total aceptación la experiencia habremos redimido la vibración y no volverá a llegarnos una situación similar, en caso contrario se repetirá hasta que logremos su superación.

Algunas manifestaciones del amor propio:
Lo vemos todo en relación a nuestro interés. Buscamos primero complacernos a nosotros mismos, antes que a los demás.
Nuestro hablar, en su mayoría, tiene como fin atraer la atención hacia nosotros mismos.
Alardeamos de nuestras supuestas capacidades y virtudes. Hacemos lucir mal al prójimo por considerarlo inferior a nosotros.
 
Nos quejamos ante Dios por no haber recibido lo que merecemos en la vida, en las relaciones, en el trabajo. Caemos en la auto conmiseración. Exageramos nuestras cargas y dificultades y no vemos las del prójimo. Pensamos que merecemos mas atención.
 
Pensamos mas en lo vano y pasajero: comodidad, apariencias, fama, salud.
PADRE JORDI RIVERO

El amor verdadero nos impulsa a pensar en los demás antes que en nosotros mismos y nos permite alegrarnos realmente ante el logro ajeno, en cambio, cuando esta vibración es transformada, es decir que la vibración positiva de amor es cambiada de polaridad, es cambiada en vibración negativa, nos transformamos en seres egoístas, recelosos, envidiosos, resentidos, orgullosos.

"El orgullo divide a los hombres, la humildad los une."
SOCRATES

Solamente haciendo el bien se puede realmente ser feliz. Cometer una injusticia es peor que sufrirla.
ARISTOTELES

Al estar dominados por el amor propio no toleramos que alguien logre cosas que nosotros no pudimos o nos supere en algunos aspectos.
Por ejemplo: si tenemos alguna persona en nuestra casa que nos ayuda con las tareas domésticas no impongamos nuestra posición para sojuzgarla o herirla con nuestros reproches, pues estamos evidenciando nuestro amor propio. Por el contrario, indiquémosle amorosamente como nos gustaría a nosotros que realizara determinada tarea y no agredirla por la forma en que lo hizo.
Lo mismo ocurre en nuestro trabajo, si debemos guiar a personas que estén a nuestro cargo. Esto no quiere decir que si es necesario llegar a una situación de despido no lo hagamos; significa que antes tenemos que agotar todas las instancias, hablar una y otra vez con esa persona, darle todas las oportunidades posibles, escuchar y analizar su posición, y si aún así persiste el problema comunicarle nuestra decisión en forma personal, no por terceros; acudamos a nuestros hermanos con nuestro mejor sentimiento; sentir amor por ese ser y no rechazo o enojo.
Hagamos un análisis de nuestras reacciones: que pasa en nosotros cuando somos criticados, cuando somos agredidos, como actuamos en esos casos.
Por ejemplo, si un ser nos marca alguno de nuestros defectos, le contestamos de mala manera, lo agredimos, y le criticamos los defectos suyos?.
Solo nuestro propio análisis nos llevará al camino de nuestras superaciones, pero el verdadero análisis, no aquel hecho con benevolencia, sino el análisis estricto y real de cada una de nuestras acciones. Es la verdadera herramienta que poseemos.
Aprovechemos este ejemplo para determinar los tres niveles de análisis que podemos utilizar.
El primer nivel es reaccionar diciendo: "que falta de tacto, como va a decir eso", tapando de esa manera la posibilidad de analizar que hay de verdad y volcando el problema en el otro.
El segundo nivel sería: "reaccioné mal ante esa persona, otra vez deberé contenerme".
Es algo mejor pues hemos identificado que nuestra reacción no fue la más acorde pero nos quedamos ahí.
El tercer nivel es: "debo analizar mi interior, no debe molestarme que me lo diga, o sea que algo hay en mi que me hace reaccionar indebidamente". Ese es el verdadero análisis que debemos hacer, mediante el cual lograremos, poco a poco, ir trabajando sobre algunas facetas de nuestro amor propio. No solo debemos detectar lo que hay que mejorar sino que debemos poner nuestro esfuerzo en realizarlo.
De esta manera, con el correr del tiempo, llegaremos a dominar nuestras reacciones y eliminar cada una de las vibraciones que componen el amor propio transformándolo en amor verdadero, en amor hacia nuestros semejantes.
La ley acerca a cada uno de nosotros las circunstancias necesarias para trabajar sobre los aspectos de superación que nos corresponde y avanzar en nuestro progreso.
Al ir eliminando los aspectos de amor propio cambia nuestra vida de relación, estamos más capacitados para percibir intuitivamente las necesidades de quienes nos rodean, de nuestros familiares, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, de todo aquel que se nos acerque, pues debemos llegar a entender que parte de nuestra tarea en este mundo es llevar la ayuda a nuestros semejantes.
Estamos capacitados para ello, solo limpiemos de impurezas nuestro camino.
El amor propio se manifiesta con mayor gravedad en los grupos políticos, religiosos, raciales, llegando a producir las guerras, los genocidios, las inquisiciones, la esclavitud. Cuantos ejemplos hemos tenido hasta ahora y que desastrosos han sido: primera y segunda guerra mundial, el genocidio en Alemania, la inquisición en España, etc. etc.
Todo esto desaparece cuando hemos logrado que el amor propio vuelva a su polaridad original, es decir, deje de ser una vibración transformada para ser una vibración positiva, una vibración de amor hacia todo lo que existe.
Vibrando en el verdadero amor ninguna ofensa nos desarmoniza, sabremos responder con amor, aún a las agresiones más severas.
De todas maneras, esto no significa que no actuemos con firmeza en algunos casos, que tratemos de poner las cosas en su debido lugar, pero debe ser hecho con amor, comprensión y tolerancia.
Es licito marcar las cosas que entendemos que están mal, pero siempre tratando de no agredir, de no empeorar la situación, de esperar el momento oportuno en que la persona pueda escucharnos. Si se pone mal, contesta airadamente, envolvámosla con nuestro amor y esperemos un mejor momento. Nuestra palabra debe ser firme pero amorosa.
Recordemos que "Nada se pierde, todo se transforma", es decir que la vibración que irradia de nosotros permanece latente hasta que pueda actuar. De esa manera llegamos a ese ser con nuestra vibración que lo envuelve por siempre y actúa cuando está en condiciones vibratorias de recibirla, cuando aparezca una pequeña lucecita en ese ser.
Cada una de las facetas del amor propio, la envidia, el orgullo, la vanidad, los celos, el egoísmo, la ambición, es una vibración negativa en sí misma, por eso es tan fuerte nuestro amor propio, porque es la suma de esas vibraciones. Trabajemos en cada una de ellas y así, poco a poco iremos eliminando los obstáculos que nos impiden seguir progresando.

Haz de tu alma un diamante, a cada golpe una faceta más, para que un día sea toda luminosa.
ROGELIO STELA BONILLA

Quien tiene muchos vicios tienes muchos amos.
PLUTARCO

Que distinto es si cada uno de nosotros actuá, siente y piensa en función de los demás, tratáramos de acudir en ayuda de nuestro prójimo sin pensar en nosotros; siempre habrá quien se ocupará de ayudarnos en nuestras propias necesidades.

"Buscando el bien de nuestros semejantes, encontraremos el nuestro."
PLATON

No obstante, actuemos sin esperar recompensa alguna, pues de lo contrario estamos anteponiendo una vibración negativa de interés en lograr algo a cambio. La ley siempre responde a nuestras acciones, recordemos que "toda acción trae una reacción". Aún sin esperarlo recibimos tanto bien como bien hemos realizado.
Es parte de nuestro amor ayudar a quien lo necesite, ser guiá y no juez, no podemos juzgar pues no conocemos absolutamente nada de ese ser; que sabemos de sus experiencias, de la finalidad de su encarnación, del punto evolutivo que tiene.
Cada uno de nosotros es el producto de miles y miles de años de experiencia, cientos de encarnaciones, y de distinto recorrido en nuestra elíptica evolutiva, o sea que tampoco conocemos demasiado de nosotros mismos.
Si comprendemos claramente este concepto dejaremos de compararnos con los demás, y habremos entendido que cada uno es para sí mismo y por sí mismo, que no debemos entrar en competencia para superar a otro, para ser mejor, vibración totalmente negativa impregnada de vanidad y orgullo.
Si debemos competir en un juego, en un deporte, o en cualquier circunstancia que se nos presente, debemos hacerlo sanamente, con nuestro amor, respetando a nuestro adversario, actuando positivamente, utilizando los medios valederos, aceptando amorosamente los resultados, no sintiendo ni la más mínima vanidad. La competencia nos permite valorar cuanto de nuestro amor propio está superado de acuerdo a como actuamos en ella.
La vida humana es para nuestra alma fuente de experiencias, a través de las cuales adquirimos el conocimiento que nos permite discernir y elegir, con plena conciencia, nuestro camino.
Con frecuencia nos vemos ante la necesidad de elegir entre el sí y el no, entre el bien y el mal, en el aspecto moral de los hechos que nos salen al paso y, aun con la mejor intención, algunas veces nos equivocamos en la elección.
No obstante, esa equivocación, con todos los inconvenientes y hasta los dolores que pueda ocasionarnos, es una experiencia que nuestra alma asimila, transformándola en conocimiento que nos permite discernir adecuadamente cuando volvemos a encontrarnos frente a una experiencia similar, pues los errores cometidos pueden beneficiarnos si logramos extraer de ellos la enseñanza que encierran.
Como el progreso moral requiere un esfuerzo ante el cual hemos claudicado con suma frecuencia, existe hoy un evidente y peligroso desequilibrio entre el progreso mental y el progreso moral.
El clima moral en que estamos inmersos nos impulsa a elegir el camino más fácil y más breve para el logro de nuestras aspiraciones o la satisfacción de nuestros deseos y necesidades y que no es precisamente el más acorde con nuestra conciencia de bien y de mal.
Esos impulsos constituyen, precisamente, los obstáculos que debemos vencer y superar con nuestra voluntad y nuestro esfuerzo.
Sin embargo, en muchos casos quienes se proponen seguir por el camino del bien renuncian a las tentaciones para no verse expuestos al peligro que implican los requerimientos humanos.
El concepto de renunciar como finalidad es, también, un concepto erróneo, porque el renunciar, si bien puede liberarnos momentáneamente del peligro no elimina de nuestra alma humana la posibilidad de hacerlo. El peligro no desaparece sino que permanece latente y puede surgir en cualquier momento de debilidad.
Nuestra necesidad no es renunciar, sino superar.

La virtud, en ocasiones, no consiste en abstenerse del vicio, sino en no desearlo.
GEORGE BERNARD SHAW

No debemos eludir la tentación, sino tratar de superarla, que no incida en nuestra alma, fortaleciéndonos en los conceptos de bien y no apartándonos, en ningún momento del camino que nuestra conciencia nos señala.
En realidad toda superación comienza con un renunciar paulatino, un renunciar que debemos profundizar hasta que se transforme en superación, o sea que no está mal que comencemos renunciando siempre que nuestro objetivo sea la superación.
Los impulsos negativos que nos empujan hacia el desamor, la ambición, la vanidad, el egoísmo, son aspectos de la vida humana a los que no debemos permitir que logren apartarnos del camino de bien y de amor que debemos seguir para cumplir plenamente la finalidad de nuestra encarnación.
En esa forma, no eludiendo las tentaciones sino analizándolas desde el punto de vista espiritual y tratando de aplicar siempre los dictados de nuestra conciencia comprobaremos que nada valen ante nuestra fuerza espiritual, que se fortalece con cada rechazo efectuado, entonces las tentaciones se alejarán de nosotros pues las habremos superado.
Los obstáculos morales y materiales que nos presenta nuestra vida humana no son nuestros enemigos sino que por el contrario nos permiten ir realizando el esfuerzo de superación que imprescindiblemente necesitamos para poder lograr progreso espiritual que por ley nos corresponde alcanzar.

Tolerancia


La tolerancia es una de nuestras virtudes que debemos acrecentar.
Mediante ella lograremos una vida de relación más armoniosa, ya que evitaremos discusiones y malos momentos provocados por la intolerancia hacia los defectos de los demás, hacia sus agresiones, hacia su proceder.
Una persona tolerante es apreciada y aceptada mucho más en la sociedad ya que su proceder es muy distinto a la mayoría de la humanidad.
Si somos tolerantes nuestra acción llamará la atención ya que lo normal es reaccionar a un agravio con una agresión y esto entonces provocará la pregunta: Porque sos tolerante? Porque no le contestaste ? apareciendo así la oportunidad de hablar de nuestra filosofía de vida hasta donde creamos conveniente.
Lo importante es que lo hayan notado, pues esa conducta influirá en esa persona, lo hará pensar y plantearse algunas cosas y además es un acto de amor difundir nuestra filosofía que ayudará a nuestros semejantes en su progreso.
Cuando tratamos indebidamente a una persona que es tolerante y comprensiva con nosotros notamos que al analizar nuestra conducta procuramos no volver a cometer el error de molestar a esa persona y además brota de nosotros una vibración amorosa hacia ese ser que nos impulsa a tener contactos con ella.
Lo mismo reaccionan los demás con respecto a nosotros si somos comprensivos y tolerantes con sus imperfecciones y errores.

"Tolerancia no es hacer concesiones, pero tampoco es indiferencia. Tolerancia es conocer al otro. Es el respeto mutuo mediante el entendimiento mutuo. Debemos abandonar los viejos mitos y aplicar el resultado de los estudios realizados recientemente: el hombre no es violento por naturaleza. La intolerancia no es parte de 'nuestros genes'. El miedo y la ignorancia son las raíces que causan la intolerancia y sus patrones pueden imprimirse en la psique humana desde muy temprana edad."
Sr Federico Mayor Zaragoza, Director General de la UNESCO.
El Año de la Tolerancia - 1995

Si estamos ante una persona intolerante trataremos de eludirla para evitar situaciones desagradables, discusiones y rencillas, y si se trata de una persona tolerante y comprensiva es un verdadero placer y su tolerancia nos impulsa a acercarnos a ella y disfrutar de su compañía.
Tengamos en cuenta, además, que si observamos en los demás errores e imperfecciones, cada uno de esos errores e imperfecciones está en nosotros. De haber superado totalmente alguno de ellos no lo percibiríamos, pues esa vibración ya no hace impacto en nuestra alma.
Repetimos: si un aspecto fue superado, su vibración no hace más impacto en el alma, por lo tanto pasa desapercibido, la circunstancia pasa a nuestro lado sin que nos demos cuenta.
Para poder ser comprensivos y tolerantes debemos eliminar de nuestra alma la envidia, el egoísmo, la vanidad, y demás aspectos del amor propio que nos hace ser intolerantes. Acerquémonos a los demás con verdadero afecto, pues nosotros necesitamos que sean tolerantes y comprensivos con nuestros propios errores.
La tolerancia evita muchos disgustos, desavenencias y separaciones en los grupos familiares, en el trabajo, en los medios sociales y en toda nuestra vida de relación.
Esto establece y fortalece vínculos afectivos que originan que halla más unión, amistad, armonía, y facilita el camino hacia la verdadera fraternidad.

Ira

Dice el diccionario “Pasión violenta que mueve a indignación y enojo”.
La ira es uno de nuestros defectos que más problemas humanos y espirituales nos acarrea ya que nos impide pensar, meditar, medir nuestras palabras, analizar las situaciones, dominar nuestros actos, y que en muchas oportunidades nos lleva a situaciones imposibles de revertir.
Cuando estamos dominados por la ira, las palabras, los gestos, infunden temor, provocando una separación del medio social y familiar difícil de superar pues ese sentimiento negativo se arraiga en nuestro aspecto de alma (emocional-sensorial), poseída de amor propio, vanidad, orgullo, ambición.

"La ira reside tan sólo en el seno de los necios"
ALBERT EINSTEIN

El efecto más importante es que no permite utilizar nuestro libre albedrío, facultad de nuestro espíritu que hace que analicemos nuestras acciones en base a nuestra conciencia de bien y de mal.
La ira nos hace reaccionar con toda la fuerza de nuestro amor propio, nos coloca en terreno negativo y se afirma en nosotros despertando nuestro orgullo que cada vez actúa con más firmeza impidiendo analizar nuestras acciones y reconocer nuestros errores.
Volvamos a recordar que actuamos siempre con todo la fuerza de nuestro propio punto evolutivo, con la fuerza de nuestro espíritu, ya sea en bien como en mal. Nuestra acción lleva implícita esa fuerza.
Cuando una persona piensa distinto a nosotros o no es de nuestra conveniencia estallamos en ira nublándose nuestro entendimiento, nos sentimos impulsados a actuar con represalia ante lo que a nosotros nos parecen ofensas.
Además, el estado que nos provoca la ira produce un desequilibrio nervioso que se evidencia en los gestos y en los ademanes, y puede producir trastornos físicos de toda índole en el organismo, originando alteraciones que suelen tener consecuencias muy desagradables, desde gástricas hasta cardíacas.
Así como con nuestras acciones positivas atraemos vibraciones positivas que nos benefician, al actuar negativamente atraemos vibraciones negativas afines, que nos perjudican en nuestra materia y por ende en nuestra salud y además refuerzan ese aspecto negativo.
Esas vibraciones no nos permiten reaccionar ante nuestros ataques de ira y por lo tanto nos será muy difícil eliminar ese aspecto de nuestra vida humana.
No nos hemos sentido arrepentidos por haber pronunciado palabras hirientes en un momento de ira?, no hemos sentido angustia por nuestro accionar negativo dominados por la ira?. Esto debe impulsarnos a eliminar de nuestra alma todo vestigio de ira.

Consuélate de soportar las injusticias, la verdadera desgracia consiste en cometerlas.
PITAGORAS

Es importante como primer paso sentir arrepentimiento o angustia por nuestro proceder, pero no debemos quedarnos en ese primer paso, debemos avanzar tratando de dominar nuestra ira, hasta, poco a poco eliminarla.
Si estamos en un camino espiritual, si tratamos constantemente de perfeccionarnos, si hemos logrado ser tolerantes, vivir en amor, no brotará en nosotros la ira.
Si vemos una persona envuelta en la ira, radiémosla con todo nuestro amor, deseando que pueda superar ese aspecto que tanto mal provoca. Ese amor permanecerá a su alrededor hasta que comience a reaccionar y en ese momento lo ayudará fortaleciendo su voluntad para eliminarla.

Fanatismo

Dice el diccionario: "Tenaz preocupación, apasionamiento desmedido con que se defienden ideas, creencias u opiniones religiosas."
El fanatismo no permite que utilicemos nuestra mente para discernir, sino que estamos delimitados por las propias ideas, agrediendo, a quien no piense como nosotros.
Es tan temible el fanatismo que hace que no aceptemos nada que no sea acorde con nuestros conceptos y que lleguemos a tratar de eliminar a todos aquellos que están en desacuerdo.
Si nos fanatizamos no vemos, no comprendemos ni aceptamos nada que contradiga nuestra propia idea, y sentimos y consideramos como nuestro enemigo a todo aquel que no esté de acuerdo.

Un fanático es alguien que no puede cambiar de mentalidad y no quiere cambiar de tema.
WINSTON CHURCHILL

Las grandes inquisiciones religiosas, el genocidio racial, el terrorismo religioso, y demás atrocidades tienen su origen en el fanatismo.
El fanatismo religioso es el peor de todos para los seres que lo ostentan, pues llegan a creer que tienen un beneficio espiritual por inmolarse, en defensa de la Divinidad, sin discernir que la Divinidad no puede ser alcanzada ni dañada y que solo se logra beneficio espiritual si actuamos con verdadero amor.
Además, este estado emocional negativo es utilizado por seres sin escrúpulos, que logran dominar a grandes grupos de fanáticos para su propio provecho, logrando poder y dominación.
Esto comienza con el endiosamiento de personas o cosas a quienes se le atribuyen virtudes, cualidades, poderes que en realidad no tienen, pero que el fanatismo impide ver, es más, lo endiosan y lo siguen a muerte aceptando todas las órdenes sin discusión, sin pensar, sin meditar, llegando a las más atroces acciones. Se incrementan notablemente los hechos violentos cuando están en grupos, pues la vibración negativa se multiplica.
En nombre de Dios se realizan las más descabelladas acciones sin tener en cuenta que toda acción tiene una respuesta de la ley. Aún cuando su propia religión hable del amor hacia los demás, piensan que "los demás" son solo los que tienen sus mismos ideales y no ven en los otros a su hermano espiritual.
Están propensos al fanatismo aquellos que adolecen de orgullo y de egoísmo, cayendo fácil presa de esa vibración, en cambio quien vibre en amor y humildad, ve en sus semejantes a sus hermanos, tiene la tolerancia y la comprensión necesaria para aceptar otras ideas distintas a las suyas, jamás entra en esa vibración negativa, pues no condice con las vibraciones positivas de su alma.
Cual es el verdadero análisis que, desde nuestra verdadera conciencia debemos hacer?
Todas las ideas, conceptos religiosos, raciales, políticos, sociales, etc., son de esta vida humana, son aspectos que tienen que ver con nuestra experiencia; de ninguna manera son absolutos y ni siquiera duran más de una encarnación, pues ya hemos visto que si odiamos a una determinada raza la ley hará que en próximas encarnaciones integremos esa raza hasta amarla.
También puede suceder que en nuestra próxima encarnación ya no existan esos elementos religiosos, raciales, sociales, políticos, que hemos defendido fanáticamente.
Todo es efímero, como es efímera nuestra vida humana. Entonces defendemos algo que luego desaparece.
Cuando tengamos en claro todos los conceptos espirituales que nos llegan a través de este medio y veamos que hemos encontrado nuestro verdadero camino, debemos estar alerta de no caer en el fanatismo, de querer imponer nuestros conceptos, ni siquiera estos conceptos; debemos divulgarlos con amor, pero no tratar de imponerlos, porque penetrarán en la mente y el alma de nuestros hermanos si actuamos con nuestra vibración de amor.
Recordemos que todo debemos hacerlo a través de la vibración de amor que está en nuestra alma desde el "nacimiento" espiritual como "semilla divina".
Nuestro análisis debe ser comprensivo, amoroso y tolerante, por lo tanto nunca llegaremos al fanatismo. Cuando vemos algún hecho, idea o concepto contrario a nuestra verdadera conciencia debemos proyectar sobre él nuestro pensamiento amoroso pidiendo que actúe la ley según corresponda y aceptar con fe todo lo que suceda.
Muchas veces las respuestas a nuestros pedidos no son todo lo agradable que queremos, no por eso dejan de ser provechosas para nuestro espíritu, pues siempre las circunstancias serán las más beneficiosas aunque muchas veces sean dolorosas.




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