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Amanecer Espiritual

CAPITULO CUARTO

Reencarnación


Debemos retomar con más amplitud este tema tan controvertido a causa de la profunda implicancia teológica.
Para algunos ver o escuchar la palabra reencarnación los hace sentir de inmediato su realidad, otros necesitan intelectualizar ese conocimiento y buscan argumentos favorables y contrarios; los más quizás llegan a aceptar esa realidad y otros a pesar de todos los argumentos la rechazan.
Basado en la Ley de Causa-Efecto, la posibilidad de continuar con las experiencias después de la muerte nos da la ocasión de poner en práctica todas las enseñanzas espirituales y de poner remedio a los errores cometidos en la vida anterior para poder alcanzar después el conocimiento que permite el dominio del espíritu sobre la materia.

Veamos algunos aspectos teológicos.
La Iglesia ha preferido infundir en nosotros el temor al infierno y a la condena eterna, antes que concedernos el conocimiento, indispensable para poder elegir y ser independientes de la obediencia ciega, o de las promesas de entrar en el Paraíso.
La reencarnación, en cambio, es un mecanismo privilegiado que certifica la justicia divina, el amor divino de Dios, Esencia Divina, Naturaleza, o como cada uno lo interprete.
Así como el genio nace y no se hace, hay verdades con las que se nace y se manifiestan brusca o gradualmente y despiertan a una realidad que da nuevo sentido a la vida.
Eso sucede con la reencarnación, no todos la podrán aceptar, por eso que en el año 553 el Concilio de Constantinopla, no presidido por el papa sino por un laico (Emperador Justiniano I) hizo que se declarara "herejía" la enseñanza de Orígenes de Alejandría y otros Padres de la Iglesia, todos ellos reencarnacionistas.
Quince postulados fueron condenados por el concilio entre ellos: la preexistencia de las almas, la reencarnación, la eternidad de la creación, etc.
Hoy debido a la natural evolución humana y al despertar mental que actualmente sucede, despertar que no es igual para todos dado que hay almas con más y con menos experiencias, la mayoría aceptaría la reencarnación y otras verdades por inspiración y no por dogma.
El fin del siglo 19 hubiera sido muy distinto, con una aceptación mayoritaria entre los cristianos, si el concilio no hubiera decretado lo que decretó simbólicamente como clave para el futuro; lo hizo reteniendo por la fuerza en Roma al Papa Virgilio quien debía presidirlo y que hubiera aceptado las enseñanzas tal como se transmitían , por ser reencarnacionista.
El Papa Virgilio y sus sucesores Pelagio I, Pelagio II y Gregorio I, rechazaron lo dispuesto por el concilio. Esto duró hasta el año 604.
En occidente, actualmente los más reacios a aceptar la posibilidad de la reencarnación, por lo general, son los grupos cristianos, para quienes nada se ganará con mostrarles algunos versículos bíblicos destacados por los estudiosos del tema; igual le darán otra explicación a esos versículos.
Este conocimiento es milenario, pero nuevo en su concepción cósmica a la luz de la evolución humana actual y de la ciencia física moderna.
Sin embargo no podemos desconocer que los primeros Sabios Padres de la Iglesia ligados a la enseñanza dejada por Jesucristo aceptaban la reencarnación.
Justino Martir (100 - 165) expresó: " El alma vive más de una vez en un cuerpo humano, pero no puede recordar sus experiencias anteriores".
San Clemente de Alejandría (150 - 220) señaló: "Antes de la creación del mundo preexistíamos en Dios, nosotros criaturas racionales del Verbo de Dios a causa de lo cual nos remontamos al principio".
Orígenes de Alejandría (185 - 254) destacó varios principios teológicos. El decía: "Existe la preexistencia de las almas: el alma es inmaterial y por lo tanto no hay ni principio ni fin de su existencia. Hay un proceso constante hacia la perfección, siendo nosotros primero como vasos de barro, luego de vidrio, luego de plata, para finalizar como cálices de oro. Todos los espíritus fueron creados sin culpa, y todos han de regresar, por fin, a su perfección original. La educación de las almas continúa en mundos sucesivos. Hay innumerables mundos que se siguen unos a otros durante eras eternas. ¿No será más conforme a la razón que cada alma por ciertas razones misteriosas es introducida en un cuerpo de acuerdo con sus méritos y acciones anteriores?".
Sinesio (370 - 430) manifestó: "Padre. concede que mi alma, estando en la luz ya no sea sumergida en la ilusión engañosa de la Tierra. El alma que no regresó pronto a la región celestial de donde fue mandada a la Tierra, tiene que pasar por muchas vidas recorriendo el mundo".
Arzobispo Puacher Passarelli de la orden de los Capuchinos, predicador apostólico adjunto al Santo Sínodo (Vaticano) es partidario de la tesis de la reencarnación, escribiendo al senador Taurredi, su compañero de creencias, las siguientes palabras:
"Si fuese posible popularizar la idea de la pluralidad de las existencias en este mundo, sería un medio de realizar la voluntad divina de permitir al hombre expiar sus pecados, purificarse y esforzarse en ser digno de Dios y de la vida inmortal.
Esto sería un gran paso que resolvería intrincados y dolorosos problemas que angustian al alma humana.
Pienso cada día más en esta verdad, que será pródiga en beneficios para la religión y para la sociedad."
Si bien es verdad que en nuestro mundo occidental está tomando fuerza tal idea, la creencia y doctrina de la reencarnación es conocida desde la antigüedad y sostenido por las diversas religiones actuales de toda el Asia y enseñada por múltiples escuelas filosóficas y espiritualistas. Muchos filósofos antiguos bien conocidos, tales como Pitágoras, Sócrates, Platón y muchísimos otros, sostuvieron como verdad la ley de los renacimientos.
Hay una frase de Pitágoras a sus discípulos más adelantados: "Una vida en la carne, no es más que una anilla en la larga cadena de la evolución del alma".
Podría citar muchas frases de otros filósofos y también de algunos padres de la primitiva Iglesia Cristiana, pero concluiré la introducción a este tema, citando tan sólo una de las frases del Evangelio, para quienes están dentro de la doctrina cristiana o pertenecen a alguna de las iglesias del cristianismo. Porque la reencarnación o vuelta a la vida física, está muy clara en el Nuevo Testamento.
Cuando Jesús, el Mesías, habló a la multitud que le seguía, y refiriéndose a Juan el Bautista dijo: "Y si queréis oírlo, él es Elías que había de venir". (S. Mateo XI v. 14-15). Pues, esta vuelta de Elías a la carne, a la vida física, había sido anunciada por el profeta Malaquías (IV-5).
Y en el Evangelio de San Mateo (C. XVII v. 12-13) , en el de San Marcos (C. IX v. 10-12), en el de San Lucas (C. I v 13-14-15-16-17), refieren claramente que Jesús dijo que Elías había venido en la persona de Juan el Bautista. Podéis comprobarlo.
O sea que, Jesús, el Mesías, afirmó que Elías, el espíritu de Elías naturalmente, había vuelto a la vida física, había reencarnado en la persona de Juan el Bautista (Johanan, hijo de Zacarías e Isabel).
Ante esta afirmación del Mesías, cabe alguna duda?.
¿Por qué, entonces, es ocultada esta verdad por las iglesias cristianas?.
La reencarnación formaba parte de la doctrina cristiana, en los primeros siglos del cristianismo primitivo, aquel cristianismo puro, de amor y renunciación.
Este fundamento del progreso espiritual por medio de los renacimientos, ha surgido de nuevo a mediados del siglo XIX, por el esfuerzo de un misionero del espiritismo, conocido con el nombre de Allán Kardec quien ha contribuido grandemente a dar nueva vida a esta verdad en nuestro mundo occidental.
Sólo pasando a través de muchas existencias podemos lograr que evolucionen los valores del alma, y la raza humana pueda mejorar en su conjunto.
En realidad hay tres posturas o teorías en este tema que paso a detallar.
Expongo las mismas al criterio de ustedes, pues nada debe aceptarse por dogma o imposición, sino que debe surgir de nuestro propio razonamiento, de nuestro propio sentir. Debemos aceptar aquello que está en afinidad con nuestro pensamiento, sentir esa afinidad, coincidente con nuestro discernimiento, única manera de aplicar la verdadera fe en todos nuestros actos.
1. La Teoría Materialista sostiene que la vida es un viaje del nacimiento a la muerte; que la mente es el resultado de ciertas correlaciones de la materia; que el hombre es la más elevada vida inteligente del Cosmos; y que su inteligencia perece cuando el cuerpo se desintegra después de la muerte. No hay absolutamente nada más allá de la muerte.
2. La Teoría Teológica afirma que a cada nacimiento un alma recién creada por las manos de Dios entra en la experiencia de la vida, pasando de un estado invisible, a través del nacimiento, a una existencia visible. Al fin del corto período de nuestra vida en el mundo material pasamos, a través de la muerte, al más allá invisible, de donde no se vuelve más y que nuestra felicidad o desdicha queda determinada por toda la eternidad por las obras que hemos hecho durante el infinitesimal período comprendido entre el nacimiento y la muerte. Infinitamente infinitesimal si lo comparamos con el Universo. Esta teoría sostiene la inmortalidad del alma.
3. La Teoría de la Reencarnación o renacimiento enseña que cada alma es una parte nacida de Dios, y que está desarrollando todas las posibilidades divinas, así como la semilla desarrolla una planta; que por medio de encarnaciones repetidas en un cuerpo humano vamos mejorando la calidad gradualmente y desarrollando los poderes dados por nuestra naturaleza divina; que toda la humanidad alcanzará la meta de la perfección y el retorno a su origen, la divinidad. El alma es inmortal pero se desarrolla a través de múltiples encarnaciones.
La finalidad de mostrar estas tres teorías, una en contra y dos a favor de la vida más allá de la muerte tiene por finalidad que el lector valore las diferentes escuelas de pensamiento sobre este asunto primordial para nuestro sentir y nuestro pensar, no siempre explicado detalladamente.
El hecho que un misterio esté más allá del alcance de la comprensión humana no significa que no debamos intentar comprenderlo, hasta donde ello sea posible, dentro del dominio del intelecto.
Quienes comprendemos las Leyes Divinas que nos rigen, aceptamos el karma y sabemos que el mal es un aspecto transitorio y el bien un aspecto permanente, y que vida tras vida, mediante la evolución, se cumple el camino de retorno a nuestro creador; que no hay personas superiores ni inferiores, pues todos somos hermanos y como espíritus, hijos de la divinidad, siendo algunas almas encarnadas más evolucionadas que otras, ya que han nacido con anterioridad unas de otras.
No somos culpables de nuestra ignorancia y de nuestro actuar ignorante. No es culpa del destino ni del azar nacer como nacemos, ni ser quien somos. El universo es regido por Leyes Divinas a las que no escapamos. Todo tiene su justa razón de ser. No debes dañar a otros, pero a su vez no debes aceptar ser dañado por otros. No debemos atacar pero sí defendernos.

Cada individuo es exactamente lo que él se ha ganado el derecho de ser, lo rodea aquella felicidad cuyos derechos ha adquirido en el pasado. Se enfrenta en la actualidad con las deudas contraídas en la anterior vida y que hoy le salen al encuentro.
La infelicidad es el resultado del sufrimiento infligido a otros en la vida anterior y que antes de nacer aceptó reparar. El hombre es el resultado de su pasado y será el fruto de su presente. Si quieres conocer el pasado, mira tu vida presente. Si quieres conocer el futuro, mira tu vida presente.
BUDA

Cada alma está dotada de latentes atributos que necesita manifestar. Nada es al azar, todo tiene su razón de ser. Cada alma recibe, para cumplir su misión, un programa cósmico computacional que permite escoger el adecuado código genético que su cuerpo necesita junto con el medio ambiente apropiado que lo rodea.
No es nada fácil comprender la razón de la diferencia social entre humanos y menos fácil me resulta intentar explicarlo.
Nace un individuo dentro de una familia que le imparte desde la cuna una buena educación moral y ambiente de elevados ideales, mientras otro abre los ojos a un mundo mezquino donde se le enseña desde la infancia a mentir y robar. ¿Sería justo exigir lo mismo de ambos? ¿Es justo recompensar eternamente al uno por vivir honestamente cuando ha sido colocado en un ambiente tal que difícilmente podría dejar de hacerlo, o castigar al otro eternamente, que se encuentra en condiciones tan adversas que apenas puede tener una vaga noción de lo que constituye la moralidad?. Si existiese una sola vida esto es lo que ocurriría. Sería justo esto?.
Debe haber una clave y esta clave sólo la puede ofrecer la teoría de las vidas sucesivas y la ley de causa y efecto.
No existe azar ni fatalismo en las vidas humanas, tampoco una divina injusticia con algunos y un premio con otros. Voluntariamente el alma decide encarnar y ser quien es como humano. Somos lo que hemos pedido ser antes de nacer, y lo hemos pedido con el fin de poder superar pruebas y manifestar atributos para poder crecer. Debemos trascender el mundo superando nuestras limitaciones que nos apegan a él y por eso, muchos antes de encarnar, en el plano espiritual pedimos una prueba dura con el fin de ascender, evolucionar y avanzar más.
Donde mejor se refleja la ley del karma o de causa y efecto es en las diferencias de todo tipo entre los humanos.
Quien sufre mucho es porque en su anterior vida no pudo entender la humildad, la comprensión, el amor con que debe vivirse. Quien mucho odió vuelve a la encarnación a sufrir su propio odio.
Quien mucho tiene poco avanza, dado que, en general, queda más ligado al plano de la materia por el brillo del oro, por el poder y el halago, es más dura la prueba para el que mucho tiene que para el que casi nada posee. El que mucho tiene, si se liga a lo mucho no pasa la prueba de la abundancia y en la próxima encarnación deberá manifestar la humildad, prueba más difícil de superar. Quien poco tiene y no acepta su situación con humildad y con fe rebelándose, tampoco pasa la prueba y esta deberá repetirse.

Soy todo lo que fue, lo que es y lo que será.
BEETHOVEN

Quien sufre ahora, comprenderá y ayudará al sufriente en su próxima vida.
Quien pasa por el hambre, el dolor y la miseria ayudará después al hambriento, al enfermo y al abandonado.
El planeta es una gradual escuela de las almas encarnadas, cada vida es un nuevo curso. En el planeta pasamos por cursos básicos primarios y otros más avanzados. El apego a lo material nos liga a la encarnación, el desapego nos libera de los lazos de la forma física. Pero todavía hay quienes sienten a la Tierra el centro del universo y el único lugar habitado posible.
Quien vive bajo el temor del castigo eterno por los hechos cometidos en ésta la única vida y oportunidad, será aparentemente bueno, noble y justo por temor al castigo y no por real evolución de su aspecto espiritual. Tendrá la máscara de bondad, justicia y nobleza, pero el aura o energía radiante que nos rodea manifestará el verdadero estado interno de la persona.
No basta con reprimir, hay que superar.
No podemos saber que es la luz si no conocemos la oscuridad.
No llegaremos a sabio si antes no fuimos ignorantes.
No comprenderemos lo eterno e inmortal si no vivimos antes la ilusión de lo transitorio y mortal.
No podemos entender el sufrimiento ajeno sin padecerlo previamente en nosotros mismos.
No podemos disfrutar plenamente de la libertad sino hemos sido esclavos de nuestros sentidos.
No podemos entender, sentir ni expresar amor, bondad, caridad, paz, perdón, comprensión, humildad, fe, fraternidad sino hemos superado antes el odio, la maldad, la avaricia, la envidia, los celos, la venganza, el fanatismo y todos los aspectos del amor propio.
Esa evolución natural se logra en varias vidas, las que permiten a nuestra alma ir manifestando en cada una de ellas algunos de nuestros atributos positivos con el fin de crecer y desarrollarnos. Recordemos que cada vez que un atributo positivo es manifestado desaparece la vibración negativa opuesta, dado que en la evolución lo positivo es permanente y lo negativo es transitorio. Por lo tanto todo lo malo y lo negativo que una persona es, corresponde a la falta de manifestación de los atributos positivos.
Todo lo positivo logrado en la encarnación vibra en nuestro espíritu y lo ayuda a crecer. Todo lo negativo constituye una deuda con la ley que habrá que saldar en las próximas encarnaciones. Esas deudas se adhieren a nuestro espíritu pero no forma parte de él.
La verdadera enseñanza señala que siempre hay evolución, existiendo en cada vida una relación causa y efecto con la vida anterior, naciendo nuevamente con el fin de redimir los errores y manifestar nuevos atributos positivos.

Antes de nacer, el niño ya ha vivido y la muerte no termina nada. La vida es un devenir y pasa semejante al día solar que constantemente vuelve a empezar.
ENSEÑANZA EGIPCIA DE HACE 5000 AÑOS.

Lo negativo es una vibración cuya frecuencia está en oposición a la frecuencia positiva del alma o sea que no puede anidar en ella en forma permanente. Esto nos explica por que jamás hay un castigo eterno, ni jamás hay un retroceso en la evolución individual.
Llegó la hora de comprender que nada de lo negativo sucedido en el plano físico puede afectar y condenar eternamente el aspecto sutil y elevado de nuestro espíritu que es realmente lo que cada uno de nosotros somos.
Los traficantes, los corruptos, los que abusan del poder, los criminales, los que tuvieron mucho y no compartieron nada, los suicidas, pueden tener una detención prolongada en su evolución pero nunca un retroceso. Luego en una nueva vida humana pedirán sacrificarse voluntariamente con el fin de redimir todo el daño causado y con dolor, esfuerzo y sacrificio poner de manifiesto la humildad, la tolerancia, la comprensión, el amor hacia los demás, en la medida de sus posibilidades.
Los ciclos de nacimiento-muerte, muerte-nacimiento son una constante espiral en ascenso que arranca desde un punto inicial primitivo, básico, hasta llegar a la divinización , es decir volver al punto de origen de donde partimos como una semilla divina, volver como espíritu divinizado, con todos nuestras facultades y poderes desarrollados.

Necesitamos muchas vidas, revestirnos de múltiples cuerpos, nacer y morir y volver a nacer muchas veces para llegar al fin último de la perfección que es el que los dioses nos reservan. Esta ley de vidas sucesivas da la adecuada explicación a todas las desiguales manifestaciones de nuestra existencia.
PITAGORAS

Todos, hasta los seres más negativos somos criaturas de Dios, hechas de la misma esencia divina y destinadas a reflejar algún día todos los destellos de nuestras facultades e iluminar con nuestra luz a nuestros semejantes.

Como creo en la teoría del renacimiento, vivo con la esperanza de que, sino en esta vida en alguna otra, podré abrazar con amor a toda la humanidad.
MAHATMA GANDHI

Comentaremos ahora algunos aspectos científicos sobre este tema.
Gracias a la hipnosis regresiva utilizada actualmente como terapia para la cura de algunos trastornos psicológicos, se comprobó, con sorpresa para los profesionales que algunos pacientes se iban en la regresión no solo a los primeros años de su infancia sino que a la vida anterior. Son miles los casos analizados por varios investigadores y muchos libros serios que ya se han publicado que se fundamentan en los estudios de abundantes relatos clínicos. Se utiliza como técnica para alivio de ciertas fobias que con la terapia clásica no logran desaparecer.
Algunos médicos psiquiatras que no creen en la reencarnación, pero dado los buenos resultados, piden a sus pacientes ir a la vida anterior y por lo general allí está la causa y la solución. Otros destacados profesionales han tenido tantas experiencias con pacientes de diferentes credos que aceptan y defienden científicamente la reencarnación.
No es finalidad en esta parte de mis escritos entrar a desarrollar la fenomenología que rodea a estos temas, (lo será en el futuro), o sea que si desean profundizarlo tienen la posibilidad de recurrir a abundante bibliografía.
¿Por que entonces si existen evidencias tan variadas y lógicas, a las personas les es a veces difícil o les causa temor aceptar la reencarnación?
Quizá la respuesta pertenece a lo íntimo de cada ser, quizá la no aceptación de esta ley se halla relacionadas a los prejuicios, a las costumbres, a la educación y alguna medida a la comodidad al tener a quien "echarle la culpa" de nuestros males o dificultades.
Es más fácil decir: ¡Es la vida! ¡Es el destino! ¡Es Dios que nos castiga! ¡Son las circunstancias! ¡Es la casualidad!, porque si no existe la reencarnación no somos tan responsables de nuestra vida, de nuestras pruebas, de nuestras circunstancias, de nuestras elecciones.
El saber de esta ley implica absoluta responsabilidad de nuestros actos, sentimientos y pensamientos, y de todo lo que nos ocurre en la vida.
Habría otra pregunta que trataría de invalidar lo expuesto y es ¿por qué no nos acordamos de las otras vidas con mayor facilidad o de las planificaciones que realizamos antes de nacer?. Varias son las razones del olvido, pero todas tienen que ver con la misericordia y el amor de Dios.
En primer lugar el recuerdo del pasado nos quitaría libertad de acción en esta nueva experiencias, porque permaneceríamos atados a odios, rencores, o formas enquistadas de proceder que solo el olvido momentáneo del pasado nos permite superar.
Que pasaría si recordáramos que fuimos esclavos romanos, que luchamos en la arena del Coliseo, no estaríamos llenos de rencor, de odio, de venganza? Y si detectáramos en esta vida a quines nos sojuzgaron? Como actuaríamos?
Por otra parte el recuerdo de hechos violentos o traumáticos que hayamos podido sufrir en otra existencia nos acarrearía culpabilidad o resentimiento, según las circunstancias, y no nos ayudaría a transitar por la senda del progreso con una visión más optimista.
La vida debe ser encarada con fe, con alegría, con esperanza, con optimismo, sin miedos ni temores.
Pensemos que las existencias pasadas no están grabadas en nuestro cerebro actual, órgano físico donde se manifiesta nuestra mente espiritual y que recibe las informaciones de la existencia presente, sino que se encuentran en nuestro Espíritu esencial que permanece en su plano, de acuerdo a su punto evolutivo.
Otra objeción es que si olvidamos el pasado es como perder el tiempo y estar aprendiendo siempre de nuevo.
En realidad lo que olvidamos es la forma en que aprendimos o adquirimos una experiencia positiva o negativa, no la experiencia en sí.
Por ejemplo: desarrollamos la voluntad a través de diferentes vidas. Esa voluntad no se pierde al morir el ser sino que forma parte del espíritu que existencia tras existencia va desarrollando sus virtudes y redimiendo sus errores. Esa fuerza de voluntad la podremos emplear y acrecentar en la vida actual aunque no recordemos las experiencias anteriores en las cuales la hemos adquirido: surge naturalmente de nosotros y forma parte de nuestra personalidad. Lo mismo sucede con cualquier otro aspecto.
Así, concientemente o inconscientemente de la existencia de las leyes superiores que nos guían y conducen, transitamos el camino del progreso haciendo uso de nuestro libre albedrío mediante el cual decidimos sobre situaciones, conflictos, circunstancias de vida que nos harán responsables de nuestros actos, pensamientos y sentimientos.
El poder acceder a estos conocimientos puede llevar serenidad a nuestros corazones y lucidez a nuestra mente en momentos de lucha y situaciones conflictivas de vida. Nos dará esperanzas y seguridad inquebrantable en el amor, previsión y justicia divina que brinda a cada ser los caminos necesarios para su evolución. Un camino en el que nunca estamos solos porque la separación física de los seres que amamos no significa separación afectiva o espiritual. Por el contrario, los lazos de amor, cariño, amistad verdadera, hermandad, trascienden las fronteras y alimentan a nuestros espíritus que con sencillez, fortaleza y alegría seguimos transitando el camino de la evolución.

Nuestra vida futura será la que nosotros hayamos hecho. La reencarnación o continuidad de la existencia no es una vana teoría, sino una sólida realidad. No es ésta la primera vez que estamos en el mundo; de ser así la muerte nos suprimiría para siempre. Aquello que empieza en el tiempo debe finalizar en el tiempo. Si un determinado suceso no debiera producirse más que una sola vez en el tiempo y en el espacio, todas las cosas posibles habrían sucedido ya hace mucho tiempo, porque es la eternidad lo que ha transcurrido detrás de nosotros.
DALAI LAMA

No creo que nadie, excepto los materialistas, les sea difícil aceptar la razón de esta ley. Son muchas las organizaciones científicas, filosóficas, religiosas o sectarias que creen de plano en la reencarnación.
"Los brahmanes enseñan que las almas están revestidas de un cuerpo sutil, el cual, encerrándose a su vez en una gruesa envoltura, las acompaña en todas sus transmigraciones conservando así su individualidad".
Los egipcios creían también en la inmortalidad del alma. En la China, Lao-Tseu el gran filósofo predica la vida eterna y la trasmigración de las almas. Igualmente los filósofos de Grecia, y entre ellos Platón "enseñaba que las almas eran preexistentes al cuerpo". En el cristianismo encontramos que el mismo Jesús dice: "En verdad, en verdad os digo que nadie puede ver el reino de Dios si no nace de nuevo...".
Ahora, ¿no siente el hombre en su conciencia que es eterno, que es una partícula del Alma Universal? Analizándolo bien, una sola vida no bastaría para adquirir todos los conocimientos que poseen ciertas personas. En la vida práctica nos convencemos fácilmente: ¿cuántas veces no tenemos que repetir una lección o experimento para aprenderlo? Sin embargo, muchos realizan obras de arte y ponen de manifiesto extraordinarios dones y singular maestría en la ejecución de ciertas obras, descollan en las ciencias como eminentes científicos. Esas facultades innatas, como suelen llamarse, se aprendieron o desarrollaron en existencias anteriores.




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